24/3/09

Di

Al amanecer, tras masturbarte, alcanzas tu nueva fusta. Permaneces tumbada mientras enroscas tu mano izquierda con firmeza entre mis muslos. Reclamas que te proporcione acceso a mi trasero. Voy buscando poco a poco la posición concentrado en no perder el contacto con tu mano. Estoy a cuatro patas, abrazado a tus tobillos, cuando comienzo a sentir el calor de la fusta en la piel. Tu mano, casi inerte, se me ofrece como única vía al orgasmo.
- Ahora soy una amazona.- me dices, mientras aceleras el ritmo de los golpes.
Instintivamente, me desboco buscando una salida a mi deseo. No te veo, pero el tono de tu voz entre los chasquidos suena complacido. A los pocos minutos tu mano me abandona. Tras unos segundos, consientes.
-Ahora sigue tú.- me ordenas, mientras me acaricias con la punta de la fusta. Y entonces, poco antes de derramarme, siento como los dedos de tu mano libre reptan en mi interior.

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